miércoles, 1 de febrero de 2017

COLONIZACIÓN DEL CHACO. Aspectos institucionales.(*)



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Inmigrantes desembarcando en el Puerto de
Buenos Aires a fines del Siglo XIX

Creación de las colonias-cantones en el Chaco.
    La Ley 686 de 1874 sancionada bajo la presidencia de Sarmiento, creando cuatro colonias-cantones en el Chaco, inicio el proceso de la colonización  y la radicación de los colonos de origen europeo en nuestro territorio, cuya avanzada fueron las primeras familias procedentes de Údine (Italia) que llegaron a Resistencia en 1878.
    Fue el Presidente Avellaneda quien, conforme con esta ley, designó a los miembros de la Comisión Exploradora encargada de localizar y mensurar esas colonias en Marzo de 1875. Estos eran: los ingenieros Arturo Seelstrang y Enrique Foster, quienes con el apoyo del Jefe Político Aurelio Díaz y del Comandante de la Frontera Norte Cnel. Manuel Obligado, trazaron en octubre de 1875, la Colonia “Resistencia” en el paraje “San Fernando” a unos 8 kilómetros del Río Paraná y frente a la ciudad de Corrientes. Este paraje era el centro de numerosos obrajes que daban trabajo a una población criolla principalmente de origen correntino, de unas 800 personas dedicadas al corte de las ricas maderas de la zona. Entre los empresarios radicados allí se encontraban: Ávalos, Seitor, Andriani, Vázquez, Quijano, y Sicard, entre otros.


Política inmigratoria del Gobierno de Avellaneda.

   En Septiembre de 1876 fue sancionada y promulgada la Ley 817 de Inmigración y Colonización, con el fin de permitir al Estado ejercer un mayor control sobre el proceso inmigratorio y unificar todas las normas que se habían dictado desde la época del Presidente Urquiza. Se trataba de ordenar la colocación de los inmigrantes, el control de las compañías particulares de colonización y sobre todo la equitativa distribución de la tierra a los colonos. También se preveía la propaganda en los países emisores de inmigrantes y la presencia en Europa de representantes oficiales para demostrar las ventajas de nuestro país con respecto a la explotación agrícola. Uno de estos representantes en Italia, el Dr. Carlos Calvo fue el encargado de entregar folletos de propaganda y contratar, por medio de una empresa particular, el envío de agricultores para radicarse en la Argentina. Fue mediante esta gestión que los agricultores de Údine (Italia), quienes agobiados por las malas cosechas y la caída de los precios de los productos rurales, decidieron emigrar a nuestro país, en lugar de dirigirse al Brasil, destino que habían elegido primeramente. Se les ofrecían lotes de 100 hectáreas, alojamiento, transporte y mantención por un año si elegían radicarse en las colonias recién fundadas en el Chaco.
Las instituciones colonizadoras.
    A fines de 1877 el vapor “Sud América” procedente de Génova arribó al puerto de Buenos Aires con un numeroso contingente de inmigrantes procedentes de Italia, entre los cuales estaban las primeras 39 familias que arribaron a Resistencia el. Se puso en marcha en ese momento el conjunto de mecanismos institucionales previstos por la Ley de Inmigración y Colonización que serían un factor decisivo en la radicación de colonos en el Chaco y en otras provincias y territorios.
    Los inmigrantes recién llegados fueron puestos a disposición de la Oficina Central de Inmigración, la que debía ubicar a los distintos contingentes en sus respectivos destinos. Al principio se pretendió colocarlos en las colonias de Entre Ríos y Santa Fe, como arrendatarios. Los colonos rechazaron esto y exigieron ser enviados a un lugar en carácter de propietarios, amparándose en la Ley 817 y en las promesas del Dr. Calvo en Europa. Ante esta decidida actitud el Comisario General de Inmigración resolvió destinar a estas 39 familias (unas 200 personas) a una de las recientes colonias fundadas en el Chaco: Resistencia. Pero para  esto fue necesario aprobar la mensura practicada en 1875, resuelta de apuro por la Dirección de Tierras el 27 de Enero de 1878.

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Familia de inmigrantes llegada a Resistencia en 1878

El Departamento General de Inmigración.
     La Ley 817 de Inmigración y Colonización sentó las bases para encauzar el proceso inmigratorio en nuestro país. Al frente del Departamento General de Inmigración estaba el Comisario General, cargo ejercido en esos años por Juan Dillon, padre del agrimensor del mismo nombre, que entre 1878 y 1879 tuvo a su cargo la nueva mensura de la Colonia Resistencia (los mojones de la primera mensura se habían perdido) y la adjudicación de los primeros lotes a los colonos. Sus funciones principales eran colocar a los inmigrantes por medio de la Oficina de Trabajo y dirigir la inmigración a los puntos elegidos por el Gobierno para colonizar, de acuerdo con la Oficina de Tierras y Colonias.
    Bajo dependencia del Comisario General estaban las Comisiones de Inmigración designadas por el Poder Ejecutivo en las capitales de provincia o puertos de desembarco. En Corrientes funcionó este organismo integrado por caracterizados vecinos. Eran sus funciones recibir, alojar y trasladar a los colonos a sus destinos, cosa que ocurrió al arribo de los mismos al puerto de esa ciudad en Enero de 1878.  Miembros de esta  Comisión acompañaron a una delegación de colonos a reconocer los terrenos que iban a ocupar en la nueva colonia.
El Comisario de Administración.
    El 27 de Enero de 1878 se produjo la llegada de las primeras 39 familias de inmigrantes friulanos a la Colonia Resistencia, después de una larga travesía por el Río Paraná hasta Corrientes y una dificultosa navegación por el Río Negro hasta el puerto de San Fernando. Los recibió el Comisario de Administración Jaime Sosa, de origen paraguayo, quien dispuso su alojamiento y atendió a sus necesidades inmediatas. Este funcionario, que dependía de la Comisaría General de Inmigración y estaba designado por el Poder Ejecutivo Nacional, era la autoridad superior militar y política de la Colonia. Sosa tuvo a su cargo la difícil tarea de atender a los colonos en su aclimatación a las duras condiciones de un medio hostil y plagado de peligros, como era entonces el Chaco. No obstante, pudo resolver el albergue de todos ellos mediante la construcción de un gran galpón, y hacer trazar la nueva mensura de la Colonia, de modo que hacia fines de 1879 la gran mayoría se encontraba instalada en los lotes asignados. Las enormes dificultades que no pudo superar y su duro enfrentamiento con los obrajeros determinaron su renuncia en Junio de ese año. Pero la Colonia ya estaba consolidada y muy pronto los colonos comenzarían a recoger el fruto de todos sus esfuerzos.
      (*) Publicado en el suplemento "Chaqueña" del Diario Norte. Resistencia 29 de Enero de 2017. Págs. 8-9.                                                                   

martes, 24 de enero de 2017

A 200 AÑOS DEL CRUCE DE LOS ANDES POR SAN MARTÍN





    
Organización del Ejército de los Andes.
    Desde 1815 el Gral. San Martin, como Gobernador Intendente de Cuyo inició la preparación de un ejército para llevar adelante su plan continental de liberar a Chile del dominio español y una vez logrado esto, atacar al centro del dominio imperial hispánico que era la ciudad de Lima, Perú. A fines de 2016 y después de dos años de intensos preparativos y de superar todo tipo de dificultades, pero contando con el apoyo inestimable del Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata Juan Martín de Pueyrredón, logró equipar y adiestrar una fuerza de 3.778 hombres de tropa y 1.392 auxiliares, entre zapadores, baqueanos, transportadores de equipos y personal de sanidad.
    Las armas fueron traídas en parte de Buenos Aires y en gran parte forjadas en los talleres del experto físico y matemático Fray Luis Beltrán, quien también se hizo cargo de la maestranza y parque de artillería. La pólvora fue elaborada por el Ingeniero Álvarez Condarco con el salitre recolectado en la zona y los uniformes fueron tejidos en su mayor parte en San Luis por artesanos y artesanas locales y teñidos en Mendoza.
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    Entre los efectivos que integraban el ejército se contaban los contingentes de emigrados chilenos que cruzaron la cordillera después de la derrota de Rancagua en 1814, comandados por Bernardo O`Higgins, quien se transformó en un amigo y colaborador del Libertador. Aunque la base de este ejército fue el Regimiento de Granaderos a Caballo que llegó desde Buenos Aires, para aumentar sus efectivos San Martín ordenó a todos los pobladores pudientes de Cuyo la entrega de sus esclavos, quienes pasaron a revistar como soldados de infantería. También dispuso un reclutamiento obligatorio de milicianos de San Juan y San Luis, y la incorporación de todos los hombres sin ocupación. El adiestramiento de todos estos efectivos se realizó en el campamento “El Plumerillo” en las proximidades de la ciudad de Mendoza.
    Jefes y oficiales destacados de este ejército fueron, además de O`Higgins, Soler, Las Heras, Beruti, Lucio N. Mansilla, Quintana, Lavalle, Alvarado, Crámer, los hermanos Olazábal, los hermanos Necochea, Freire y Pringles entre otros. Para el servicio espiritual de la tropa estaban Fray Luis Beltrán y Félix Aldao. Se sumaron varios militares ingleses en carácter de voluntarios, como Guillermo Miller y  algunos franceses como el Gral. Brayer.
El cruce de los Andes.
     Después de hacer bendecir a la Bandera del Ejército de los Andes, bordada por damas mendocinas, y de consagrar a la Virgen del Carmen como patrona del mismo, San Martín dispuso el comienzo de la campaña. La misma se inició con la partida del primer contingente el día 9 de Enero de 1817, al que le siguieron otros en los días siguientes. Estas primeras columnas de fuerzas reducidas a 50 u 80 efectivos tenían la misión de cruzar la cordillera por pasos secundarios situados al sur y al Norte de Mendoza, éstos a la altura de las Provincias de San Juan y La Rioja. Debían ocupar distintas poblaciones chilenas, con el fin de desorientar a las autoridades españolas sobre el punto en que se produciría el ataque de los patriotas. El grueso del Ejército de los Andes inició el cruce por los pasos de Uspallata y Los Patos el día 19, en forma escalonada y dividida en cinco grupos separados entre sí por una jornada de marcha cada uno. El último contingente con el parque y la maestranza partió el día 24 y San Martín como Comendante en Jefe partió el 25 de la ciudad de Mendoza para sumarse rápidamente a las fuerzas que estaban en camino.
     La marcha a través de alturas de más de 4.000 metros, de las cumbres más altas de América fue penosa y plagada de dificultades. Muchos hombres enfermaron del mal de altura o soroche y algunos sucumbieron (unos 300) y se convirtieron en las primeras víctimas de esta memorable epopeya. Para su alimentación se llevaba ganado en pie, charqui y sacos de harina para la fabricación de pan. Los caballos eran llevados de la brida por los soldados, quienes en parte montaban en mulas, más aptas para el peligroso camino de montaña. El intenso frío se hizo sentir y fue combatido por la ingesta de aguardiente que se distribuyó en todo el camino. La logística fue especialmente atendida por San Martín que no dejó nada librado al azar. Los caminos a seguir eran explorados previamente y en lugares estratégicos se establecieron postas para facilitar el abastecimiento de la tropa y de los animales que requerían también de atención. Se llevó 9.000 mulas y 1.500 caballos, de los cuales una gran parte murió durante la marcha. Tampoco se descuidó la comunicación entre las distintas columnas a través de chasquis, pues la coordinación de las fuerzas en el momento del ataque a las fuerzas realistas era fundamental para el éxito de todo el operativo.
      Para la orientación de los distintos cuerpos militares que efectuaban el cruce, el Libertador hizo trazar croquis y mapas muy detallados  de la cordillera por el Ingeniero Álvarez Condarco, quien fue enviado a Chile portando la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas, con riesgo de su vida. Este colaborador, poseedor de una prodigiosa memoria, retuvo todos los datos topográficos que habrían de servir al Ejército para facilitar su marcha.

Chacabuco
     El trabajo previo de espionaje y desinformación del enemigo efectuado por San Martín dio sus frutos pues el Gobernador español Marcó del Pont dispersó sus fuerzas en un amplio frente de muchos kilómetros al desconocer el lugar por donde atacaría el grueso del Ejército patriota. Recién cuando supo de la presencia de las tropas en el Valle del Aconcagua, ordenó al General español Brigadier Rafael Maroto que reuniese todos sus efectivos en las alturas de Chacabuco para detener al enemigo que avanzaba en dirección a la ciudad de Santiago de Chile, lo que este realizó reuniendo a una fuerza de 5.000 efectivos.
     Adelantándose a la reunión de todas las fuerzas españolas, San Martín ordenó el ataque el día 12 de Febrero al clarear el día. Dividió sus fuerzas en dos columnas, una al mando del Gral. Soler ( 2.100 efectivos) que atacaría por el flanco izquierdo de las fuerzas españolas que se había atrincherado en la Cuesta de Chacabuco. Otra división comandada por O`Higgins ( 1.500 efectivos) debía atacar por el frente para fijar en el terreno a las fuerzas españolas mientras se efectuaba el ataque de Soler. El total de las fuerzas patriotas comprometidas ascendían a 3.600 hombres.
Resultado de imagen     O`Higgins atacó impetuosamente a las fuerzas de Maroto que se hallaban formadas al pie de la cuesta, sin esperar la llegada de las tropas de Soler, y fue detenido por las descargas de artillería. San Martín, viendo comprometida la acción, se lanzó a la batalla encabezando personalmente al Regimiento de Granaderos a Caballo, pese a estar enfermo. La llegada del Gral. Soler con sus efectivos por el flanco y la retaguardia quien avanzó raudamente hacia el centro de la fuerza enemiga, resolvió a favor de los patriotas la acción. Al promediar la tarde el triunfo patriota era completo, las fuerzas españolas totalmente dispersas y en fuga, dejando unos 500 muertos y 600 prisioneros, más 32 oficiales, todo el parque y artillería y la bandera del Regimiento de Chiloé.
      El camino para la ocupación de la ciudad de Santiago y de la liberación de Chile estaba abierto. El Plan Continental de San Martín para la libertad de esta parte de América se inició de una manera contundente y exitosa.


miércoles, 19 de octubre de 2016

Monseñor Nicolás de Carlo. Primer Obispo del Chaco.




Un hijo de Inmigrantes.
Monseñor Nicolás de Carlo había nacido en Las Marcas (Estados Pontificios de Italia) el 14 de Septiembre de 1882. A los pocos meses de su nacimiento su familia emigró a la Argentina y se radicó en la Provincia de Entre Ríos. Cursó los estudios primarios e inició los secundarios en Paraná, continuándolos en Santa Fe. Educado en el seno de una familia profundamente religiosa, se orientó muy pronto al sacerdocio realizando sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Paraná y posteriormente en Santa Fe. Su ordenamiento como sacerdote se produjo en 1905.
Obispo Auxiliar y Administrador Apostólico del Chaco y Formosa.
Hacia 1934 el Obispo de Santa Fe constató durante una gira por Chaco y Formosa que estos territorios ya muy poblados, carecían de la debida asistencia espiritual. Por ese motivo solicitó a la Santa Sede la jerarquización eclesiástica de ambos Territorios Nacionales. Asimismo el Gobernador del Chaco José Castells hizo lo propio ante el Gobierno nacional. Como resultado de estas gestiones el Papa Pío XI nombró el 1ro. De Diciembre de 1936 a Monseñor de Carlo, Obispo Auxiliar de Santa Fe y Administrador Apostólico con jurisdicción en el Chaco y Formosa. Simultáneamente el Gobierno Nacional creaba la Vicaría Eclesiástica para dicha jurisdicción.
Una vez en su sede en Resistencia, Monseñor de Carlo desplegó una intensa labor apostólica. Creó en la capital y en el interior del Chaco nuevas parroquias; en Pcia. Roque Sáenz Peña, Quitilipi, Barranqueras, Villa Ángela, Las Palmas, Puerto Bermejo, Zapallar, Pcia. De la Plaza, J. J. Castelli, Charata y Gral. Pinedo. También atendió el aspecto social y cultural de su diócesis. Creó la Obra Social Católica que se manifestó en la instalación de talleres barriales, en la fundación de colegios y el aumento de las congregaciones.

Obispo del Chaco y Formosa
El Obispo de Santa Fe Monseñor Fasolino advirtió nuevamente la necesidad de otorgar una nueva categoría a la Administración Apostólica, en virtud de las necesidades que planteaba el crecimiento demográfico de los Territorio del Chaco y Formosa. Gracias a sus gestiones y a las de las autoridades gubernativas del Chaco, el Papa Pío XII emitió la Bula “Eclesiarum Omnium” el 3 de Junio de 1939 por la que se que se erigía a partir del 1ro. De Agosto del año siguiente el Obispado de Resistencia, con jurisdicción en Chaco y Formosa. Para ejercer este ministerio nombró Obispo Titular de Resistencia a Monseñor Nicolás de Carlo, haciendo plena justicia a su labor desplegada hasta ese momento. En mérito a su tarea apostólica, la Santa Sede lo designó en 1950, Asistente al Solio Pontificio y Conde Romano.

Intensa obra social, cultural y religiosa.
A los pocos meses de hacerse cargo de su diócesis, en 1936, fundó el periódico “Acción Chaqueña”, donde expuso sus ideas emanadas de la Doctrina Social de la Iglesia. Debido al abandono en que se encontraban los moradores de los barrios de Resistencia, instaló talleres donde se impartía enseñanza manual a personas de humilde condición. Se daban clases de dactilografía, costura, bordado, tejido, ñandutí, práctica comercial y otras manualidades. Esta acción fue extendida a las ciudades y pueblos del interior. Durante la semana estos locales eran utilizados como talleres de trabajo y salas de reuniones, y los domingos para la celebración del culto. A la muerte de Monseñor de Carlo, existían 29 centros de enseñanza manual y práctica en la capital y el interior del Chaco, y unos 5 en el Territorio de Formosa. También habilitó consultorios médicos, hogares para niños huérfanos, y alentó la creación de entidades benéficas y culturales.


Una merecida distinción.
En 1947 visitó el Chaco el Presidente de la Nación Juan D. perón con su Señora Esposa María Eva Duarte de Perón, con motivo de la Fiesta Nacional del Algodón. Perón quedó gratamente impresionado por la obra de Monseñor de Carlo, que coincidía plenamente con uno de los principales postulados que deseaba imponer a su gobierno, que era el de la justicia social y la atención a las necesidades de los más humildes. A los pocos meses, el 10 de Abril de 1948, se realizó en Buenos Aires una solemne ceremonia en la cual el Presidente otorgó al Obispo del Chaco y Formosa de un artístico pectoral como distinción por la labor cumplida en estos Territorios. Al acto asistieron: el Nuncio Apostólico, las más altas autoridades eclesiásticas del País y los Gobernadores del Chaco y Formosa. En esta oportunidad Perón manifestó en una parte de su discurso: “Chaco y Formosa deben a Monseñor de Carlo la afirmación de los principios cristianos y la acendrada fe católica de que se halla imbuida la población. Obra titánica en el portentoso crisol que son tanto Chaco como Formosa, donde una multitud cosmopolita lucha y trabaja debatiéndose entre graves problemas de orden moral, por hallarse adormecidas las inquietudes del espíritu en grado alarmante y peligroso para la sociedad en formación…”

Sus colaboradores.
El Obispo Monseñor de Carlo supo rodearse de excelentes colaboradores, con la ayuda de los cuales pudo llevar con pleno éxito su misión apostólica y la palabra de Cristo a vastos sectores. Entre ellos estaban: Monseñor José Alumni, eminente historiador y creador del Archivo Histórico de la Provincia, Padre Ricardo Zalazar, Secretario del Obispado, Capellán del Ejército y Profesor de Filosofía en la Facultad de Ciencias Económicas, Padre Armengol R. Moya, escritor autor de una biografía de Belgrano y editor de un periódico religioso. Además ocupó varios cargos en la Provincia, como Director del Aborigen, Subsecretario de Acción Social y Senador Nacional por el peronismo. Otro destacado colaborador fue Monseñor Prudencio Figueiras, quien fue Profesor en la Escuela Nacional de Comercio e iniciador de los estudios contables en Resistencia.
Monseñor Nicolás de Carlo falleció el 19 de Octubre de 1951, después de una intensa vida dedicada a cimentar la fe de toda su grey y a aliviar la necesidad de los más humildes, enseñándoles que no hay más dignidad que la que se consigue con el trabajo.


miércoles, 17 de febrero de 2016

CAPITALIZACIÓN DE RESISTENCIA


Expedición exploradora del Chaco con caciques
aborígenes de la reg

Las capitales del Chaco
     La Gobernación del Chaco contó, desde que fue creada, con varias capitales o más propiamente sedes gubernativas, pues el término “Capital” aparece recién en 1884 cuanto se sanciona la Ley 1532 de creación de Territorios Nacionales. El primer asiento gubernativo fue Villa Occidental (actual Villa Hayes en el Paraguay), cuando el Presidente Sarmiento creó la Gobernación del Chaco en 1872. Luego, después de la devolución de la Isla del Cerrito por el Brasil, estuvo por breve tiempo en la Isla del Cerrito (desde el 1ro. De Noviembre de 1876 a Febrero de 1877), para retornar nuevamente a Villa Occidental hasta 1879. En este año Argentina debió entregar la Villa al Paraguay, en cumplimiento del fallo arbitral del Presidente Norteamericano Rutherford Hayes. Después de esto el Coronel Luis Jorge Fontana, en su carácter de Gobernador Interino, trasladó la sede del Gobierno a la localidad de Formosa, fundada por él el 8 de Abril de 1879, hasta 1884 cuando se organizaron los Territorios del Chaco y Formosa.
Coronel Manuel Obligado, Primer
Gobernador del Chaco. 1885-1887

Resistencia declarada Capital del Territorio.
     Cuando el Coronel Manuel Obligado fue designado Gobernador del Territorio del Chaco por decreto del 25 de Noviembre de 1885, se confió esta responsabilidad a un conocedor de toda la región, pues había sido Comandante de la Frontera Norte y en ese carácter había acompañado a la Comisión Exploradora Foster-Seelstrang a elegir el sitio y trazar la Colonia Resistencia en el paraje “San Fernando”. Tenía la misión de organizar y administrar el nuevo Territorio, proponer su división departamental y a su capital.
     Sobre la base de sus observaciones en el terreno, propuso a cada una de las colonias ya fundadas en el Chaco como cabecera de los departamentos. Estos eran: Avellaneda, Villa Ocampo, San Antonio de Obligado, Las Toscas, Florencia (en el actual territorio santafesino); y en lo que es hoy el Chaco, Resistencia, Guaycurú, Solalinde y Martínez de Hoz. Los límites eran los Río Paraná y Paraguay el Este y el Meridiano 60 al oeste, más allá del cual dominaban el territorio las aguerridas tribus originarias.
      Al hacer su propuesta, Obligado detalló la situación de las colonias ya fundadas, su población, progreso y sus comunicaciones terrestres y fluviales. En base a estos datos, el Vicepresidente de la Nación Francisco Madero –en ejercicio de la Presidencia en ausencia del Presidente Roca- dictó el Decreto del 21 de Febrero de 1885, por el cual se establecía la división departamental propuesta, se declaraba capital del Territorio al Departamento Resistencia (Artículo 3) y se  autorizaba al nuevo funcionario a fijar las cabeceras de los restantes departamentos.

Panorama poco promisorio.
      En esos momentos Resistencia apenas despuntaba como una población organizada. Se trataba de un modesto asentamiento donde supervivían 2.049 personas, habitando ranchos de paredes de estanteo y techos de paja, donde apenas se anunciaban ya algunas construcciones de ladrillo, todas circundadas de quintas y chacras, que alternaban con el espeso monte y el malezal, surcado el terreno por varios arroyos y riachos, alternados de tanto en tanto por lagunas y esteros.
    El poblado aún carecía de calles, y sólo contaba con sinuosos senderos mediante los cuales los pobladores de comunicaban entre sí. Subsistía el peligro de los ataques aborígenes, especialmente sobre las poblaciones más alejadas del núcleo principal. En los obrajes aún trabajaban muchos aborígenes pacíficos junto a la nutrida peonada de origen correntino. Escaseaban las comunicaciones, aún con localidades cercanas como el puerto de Barranqueras, adonde se podía llegar atravesando penosamente los cursos de agua y los senderos que se volvían intransitables los días de lluvia.

"Alistando troncos" óleo de Alfredo Pértile. Peones de obraje
de los alrededores de Resistencia.
Un informe realista.
      No obstante reconocer las ventajas de la situación de la Colonia con respecto a Corrientes, la fertilidad del suelo y la laboriosidad de sus habitantes, Obligado señalaba las grandes falencias que existían en materia de seguridad, caminos e infraestructura edilicia para las oficinas del gobierno. También deploraba la situación de los colonos, al expresar en uno de sus informes:
      “Encontrándose esta capital rodeada de bañados y sus caminos interceptados por cañadones y esteros, los pobladores no pueden exportar sus productos con ventaja, sino construyendo el referido camino, razón porque los colonos (… ) se encuentran desde hace siete años estacionarios y pobres (…) muchos de ellos no podrán pagar su deuda, y una vez que se construya el referido camino, podrán exportar sus productos sin el recargo de fletes que tienen ahora y que los hace no usufructuar su trabajo”.
     Para esa época ya se había concretado el trazado definitivo de la Colonia con la tercera y última mensura, a cargo del Agrimensor Carlos Tassier, la que fue aprobada por Decreto del 25 de Setiembre de 1884. Pudo así legalizarse la ocupación de las dos terceras partes de las 14.000 hectáreas que alcanzaba el perímetro de la nueva Capital, donde pastaban ya unas 10.000 cabezas de ganado vacuno, pertenecientes en gran parte a los colonos que arribaron en esos años.

Una visión de futuro.
      En la Resistencia de entonces no faltaban algunos tímidos adelantos: existían dos molinos movidos a vapor, varios hornos para ladrillos, una destilería de alcohol propiedad de Carlos Boggio ubicada en La Liguria, y algunos pequeños establecimientos industriales. Obligado, a pesar de las deficiencias descriptas, tenía fe en el desarrollo futuro de las colonias y de la extensa jurisdicción a su mando. En tal sentido se dirigió a las autoridades anunciándoles la necesidad de dotar a las mismas de sus instituciones civiles:
Mapa del Territorio del Chaco con los límites de
1884.

     “Los Territorios del Chaco, Sr. Ministro, son más poblados de lo que comúnmente se cree como lo va a demostrar el censo y lo puedo asegurar a V.E. por el conocimiento personal que tengo de aquellos territorios y su vecindario, y a beneficio de las leyes de tierras últimamente adoptadas por el Congreso Nacional, la población fluye rápidamente, razón por la cual hay urgencia en atender el establecimiento de autoridades civiles.”
     Sin embargo, poderosos intereses de empresarios codiciosos de la riqueza forestal chaqueña, lograron que el Congreso Nacional sancionase la Ley 1894 del 13 de noviembre de 1886, por la cual se fijó el límite sur del Territorio en el Paralelo 28, perdiendo así el Chaco todas las florecientes colonias que se encontraban al sur de esa línea hasta el Arroyo del Rey. Sumamente afectado por esta medida, que privaba a su Gobernación de las más fértiles y promisorias tierras, el Gobernador Obligado se trasladó a Buenos Aires y presentó su renuncia al cargo el 7 de Marzo de 1887, argumentando motivos de salud.
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 BIBLIOGRAFIA

Altamirano, Marcos. La colonización de Resistencia. Resistencia, Moglia, 2007.
Alumni, José. El Chaco, figuras y hechos de su pasado. Resistencia, Moro, 1951.
Gómez, Hernán. Historia de la Gobernación del Chaco. Buenos Aires, 1939.
López Piacentini, Carlos. Historia de la Provincia del Chaco, T. V. Resistencia, Región, 1979.
Maeder, Ernesto. Historia del Chaco. Buenos Aires, Plus Ultra, 1997.
Memorias del Territorio Nacional del Chaco. 1885-1899. Resistencia, Inst. de Historia, Fac. de Humanidades, UNNE, 1985.

martes, 12 de enero de 2016

ORIGEN DE LAS VOCES “CHACO” Y “GUALAMBA”

Explicación de los primeros cronistas.
     Desde el comienzo de la Conquista, los españoles dieron el nombre de “Chaco” o “Chaco Gualamba” a una extensa comarca boscosa que se encontraba al Oriente de la Provincia del Tucumán y de las sierras subandinas, y cuyos límites naturales por el Este llegaron a ser los ríos Paraguay y Paraná. Los diversos cronistas que se ocuparon de describir esta región y a los pueblos que la habitaban, nos dejaron distintas interpretaciones sobre el origen de este vocablo.
     El historiador jesuita del Siglo XVIII Pedro Lozano sostuvo que la voz “chaco”, de origen quichua, designaba a una gran junta o reunión de naciones indígenas, que encontraban en esa región un seguro refugio para sus correrías. Dice sobre esto en su “Descripción Chorográfica del Gran Chaco…”:
Imagen
Edición del S. XVIII de la obra de
Pedro Lozano sobre el Chaco
 “La etimología de este nombre, Chaco, indica la multitud de las naciones que pueblan esta región. Cuando salen a cazar los indios y juntan de varias partes las vicuñas y guanacos, aquella muchedumbre junta se llama Chacu, en lengua quichua, que es la general del Perú, y por ser multitud de naciones las que habitan las tierras referidas, les llamaron a semejanza de aquella junta, Chacu, que los Españoles han corrompido en Chaco.”

    Otros cronistas, como el también misionero jesuita Joaquín Camaño S. J., expresó que esta palabra tuvo su origen en un sistema de cacería de vicuñas que practicaban los naturales.
     Por su parte el cronista José Jolís S.J., en su “Ensayo sobre historia natural del Gran Chaco”, sostuvo que este nombre fue aplicado por los aborígenes a aquellos lugares donde existían gran variedad de animales y a las cacerías que allí se efectuaban. Agrega Jolís que en determinadas épocas estas cacerías eran realizadas por el Inca o por sus gobernadores, y que en dichos lugares se construían reparos de piedra donde se encerraban a los animales cazados. Uno de estos sitios más renombrados –denominados “chacu” por los indígenas- se ubicaba en la jurisdicción de la ciudad de Salta, al Este de la ciudad de Jujuy. De este sitio tomó el nombre toda la región boscosa que se extendía de esta ciudad hasta la ciudad de Tarija (actual Bolivia).
      El Padre Martín Dobrizhoffer S.J., en su “Historia de los Abipones” también vinculó al nombre “Chacu” con las cacerías que efectuaban los aborígenes, pero señaló que esa voz quichua designaba a “un cúmulo de fieras muertas en la caza y colocadas en el mismo lugar”, y que como esa región era asilo y refugio de muchos pueblos indígenas, se le dio el nombre de “Chaco” desde muy antiguo.
    El misionero jesuita Gaspar Osorio, precisó mejor en 1630 la ubicación geográfica  del Chaco: “Está el Chaco en el riñón y en el medio de estas provincias que le tienen como cercado, que son Potosí, La Plata, Santa Cruz de la Sierra y Tucumán.”

La cacería de “ojeo”.
      El ya citado Padre Camaño en su obra “Noticia del Gran Chaco” escrita en,  1778 describe la cacería de vicuñas que realizaban los aborígenes de Humahuaca, en el Norte de la provincia de Salta, en términos muy gráficos:
      “El modo de cazarlas es distribuirse muchos cazadores de una compañía por los contornos de un determinado sitio, que tienen señalado, y dispuesto, o como murado para este fin: espantarlas por todas partes hacia el tal sitio, y cercarlas en él unos, mientras los otros dentro de aquel recinto las van corriendo y cogiendo, o derribando con las armas de caza que llevan. Este modo de cazar, y la junta misma, o recluta misma que hacen de vicuñas, o de cualquiera otra especie de animales, que cazan en esa manera, se llama Chacu en la Lengua General del Perú, que dichos indios hablaban y hablan hasta el presente. El mismo nombre dan a los sitios que tienen destinados para esa especie de caza.”
       El Padre Camaño también nos explica de qué manera este nombre pasó a designar a las tierras situadas al Oriente de la ciudad de Jujuy, hasta ser aplicado a toda la extensa llanura boscosa conocida posteriormente por “El Gran Chaco”. Dice que los conquistadores españoles que ocuparon la parte Norte del Tucumán, en su trato con los aborígenes escuchaban con frecuencia que éstos querían ir al Chacu, significando que deseaban dirigirse a cazar o al sitio o lugar de cacería. Como aquellos no entendían bien el significado de estas expresiones, creyeron que los naturales llamaban Chacu a aquellas tierras a donde iban o adonde señalaban cuando se les interrogaba hacia donde quedaba esa comarca. Así terminaron designando con ese vocablo a toda la extensa región situada al oriente de Chichas en el Norte de Tucumán, y continuaron haciéndolo a medida que penetraron con sus expediciones, a falta de otro topónimo. De este modo, un nombre que al principio sólo designaba una zona reducida de la frontera del Tucumán, bañada por el Río Bermejo en su curso Superior, terminó designando a toda la inmensa región que ocupa el centro de América del Sur y es compartida por Argentina, Paraguay y Bolivia.


La primera mención documental.
    La primera vez que la voz “Chaco” se aplica en sentido toponímico o geográfico es –según el Historiador López Piacentini-  en la Probanza de Servicios de Cristóbal González del 13 de Enero de 1589, un miembro de la expedición organizada por el Gobernador del Tucumán Ramírez de Velazco con la finalidad de fundar una ciudad en las márgenes del Río Grande o Bermejo. En este documento el Gobernador señala que “Chaco Gualamba es la otra parte del Río Bermejo, cerca de la Cordillera de los Chiriguanos.” Como se ve, estas tierras, situadas al Sudeste de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, estaban muy lejos de abarcar toda la región que posteriormente fue conocida como El Gran Chaco. Un mapa de Sansón D`Abbeville de 1650 documenta la zona restringida situada al Norte del Río Bermejo, que entonces era conocida con ese topónimo. Pero la cartografía jesuítica del Siglo XVIII registra muy bien la amplitud geográfica que había adquirido posteriormente esa designación.
Mapa del Chaco del Siglo XVIII incluida en la obra
"Historia de los Abipones" de Martín Dobrizhoffer
     En el mismo sentido se pronuncia el historiador Ramón Tissera en un escrito sobre el origen del nombre “Chaco” y “Chacogualamba” publicado en la Revista de la Junta de Historia del Chaco, aunque advierte que el Gobernador Velazco sólo menciona la palabra “chaco” en toda su correspondencia posterior. Agrega que pocos años después otro documento menciona nuevamente a este topónimo. Se trata de una solicitud del Teniente de Gobernador Francisco de Argañaraz a la Audiencia de Charcas, para que se lo autorice a “…la conquista de los chacogualambas, tierra incógnita a la vuelta de la cordillera de Jujuy”. En este caso el peticionante advierte que ese nombre hacía referencia al gentilicio de los pobladores y no al territorio que habitaban.
      Como podemos ver, desde los primeros registros documentales la voz “chaco” queda asociada al vocablo “gualamba”, haciendo más compleja todavía su interpretación.

Interpretaciones modernas.
Los historiadores que se ocuparon del pasado de nuestra región a partir del Siglo XX también trataron de dilucidar el significado de la palabra Chaco y de su aplicación a esta extensa región del Continente Americano. Así, Enrique de Gandía en su obra: “Historia del Gran Chaco” (1929) señala que la voz “chacú” fue explicada por varios cronistas de la Historia del Perú como el principal sistema de cacería empleada por los pueblos del incario, en el cual participaban miles de aborígenes quienes armando un gran cerco y en medio de un gran vocerío, lograban encerrar a muchos animales para después ultimarlos con facilidad. Estas cacerías eran también motivo de fiestas y regocijo para las tribus participantes.
     El mismo Enrique de Gandía señala que otra acepción de esta palabra significaba la multitud de naciones indígenas que poblaban la región, y que siguiendo una regla constante en la formación de los nombres, por extensión este vocablo pasó a designar al territorio donde tenían lugar esas cacerías y a los pueblos que la practicaban.
     Con respecto a la manera como este sistema de cacería llegó a la región, el Padre Gabriel Tomassini en su obra “La Civilización Cristiana del Chaco” (1937) nos trae una versión que se apoya en una tradición, recogida por el Padre Alcaya, Cura de Mataca (en la actual Bolivia) en una “Relación” enviada al Marqués de Montesclaros. Refiere que un descendiente del linaje Inca vino a conquistar una vasta y rica región situada al Norte del Río Parapití, antes de la llegada de los españoles. Este personaje, ya sea aventurero o un dignatario del incario llamábase Guacane, y una vez establecido su poder en esta tierra, introdujo esas cacerías originarias del Perú conocidas con el nombre de chacú. Lo más probable es que esta versión no sea más que una interpretación legendaria de la dominación incaica, la cual trajo a la región del Tucumán prácticas y ceremonias propias del imperio incaico. La abundancia de animales de caza en la región boscosa de las estribaciones de la sierra y de tribus numerosas adaptadas a ese medio, pudo haber incentivado en los gobernadores incas el deseo de trasladar a la misma la práctica del chacu como una manera de mantener sujetos y fieles a los belicosos pueblos indígenas de estas comarcas. Cuando los españoles llegaron a estas comarcas en el siglo XVI se sorprendieron al encontrar está práctica de cacería muy extendida entre los pueblos aborígenes de la región.
     A su vez, el historiador correntino Hernán Gómez en su “Historia de la Gobernación del Chaco”, sostiene que al principio de la Conquista nuestra región recibió varias denominaciones, que variaban según las distintas secciones geográficas, las cuales incluían el nombre de las diversas tribus autóctonas. Posteriormente estas denominaciones se unificaron en la de Gran Chaco, debido a que recibía el nombre de “Chaco” el territorio de los Chanés, pueblo situado entre los ríos Guapay y Parapití en el sector Nordeste de la región chaqueña, dentro de lo que es hoy jurisdicción boliviana. Según la tradición, el sistema de caza colectiva denominado “chacu” fue introducida por Sinchi Roca, hijo de Manco Capac, emperador de los Incas, en el territorio bañado por el Río Guapay habitada por los Chanés. Dice Gómez que esta modalidad de cacería que empleaba hasta a cinco mil hombres, necesitaba de una autoridad eficaz y superior para coordinar la acción de tantas tribus y también para asegurar una distribución equitativa de la caza lograda, sin que se generen conflictos. Finalmente los cartógrafos y viajeros, por desconocer los límites geográficos del hábitat de los chanés, extendieron y aplicaron el nombre de Chaco a toda la región comprendida por los río Paraguay, Paraná y Salado.
     El Historiador Ramón Tissera, ya mencionado, y que se ocupó de dilucidar esta cuestión en varios escritos, resumió en su obra “Chaco. Historia General” publicada después de su muerte, el origen prehispánico del vocablo:
     “Se sabe ya que los nombres Chaco o Chacogualamba designaban inicialmente un breve territorio marginal de la frontera tucumana, casi irrisorio respecto a la dilatada región que hoy conocemos con esos nombres. En segundo término, desde mucho antes de llegar a oídos de los españoles el raro topónimo, éste ya era común entre la población indígena del Tucumán de la conquista, como referencia a tierras y gentes extrañas pero no desconocidas.”
     
       Hay que agregar que la palabra “chaco” posteriormente evolucionó y en las culturas andinas designó a las llanuras donde anteriormente se realizaban las cacerías, a las haciendas establecidas en aquellas llanuras y a los corrales de ciertas dimensiones donde se encerraba a las vicuñas o a otros animales. Actualmente se practica en algunas zonas de la Provincia de Catamarca el arreo de vicuñas con la finalidad de esquilarlas y aprovechar su lana para el tejido de diversas prendas. Este arreo recibe el nombre de “chaku” en recuerdo de las que antiguamente se realizaban en el Perú.
       Por su parte, el historiador Dr. Ernesto J. Maeder, sostiene en su obra “Historia del Chaco”, que al contrario de lo que ocurrió en el NO argentino, los conquistadores que exploraron la región desde el Este, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca y el primer historiador asunceño Ruy Díaz de Guzmán “…nunca aludieron al Chaco, sino que se refirieron más bien a la Provincia del Río Bermejo, a los Llanos de Manso, e incluso al Valle Calchaquí, que curiosamente designó durante mucho tiempo al hoy Chaco santafesino.”



Cacería de yaguaretés entre los Mocobíes según el Padre Florián Paucke (S.XVIII)
La voz “gualamba”
     Ya vimos como en los primeros documentos de la Provincia del Tucumán a fines del Siglo XVI la voz chaco aparece estrechamente vinculada o unida al vocablo gualamba, cuya etimología también fue objeto de muchas interpretaciones y opiniones encontradas por parte de los estudiosos del tema. El ya citado P. Gabriel Tomassini nos aporta una interpretación del notable etimólogo Mons. Pablo Cabrera,  quien sostuvo que dicho vocablo no era de origen quichua sino que pertenece al léxico de la lengua kakana o diaguita, y que tuvo su origen en la denominación de pueblos encomendados a la ciudad de Talavera de Esteco, situada en la jurisdicción de la ciudad de Salta, en la zona limítrofe con la región chaqueña.
     Según esta interpretación, la voz en cuestión se compone de “gual” cuya traducción es grande, y “ampa”, con sus variaciones “amba”, “mampa”, y “mamba”, que se traduce por agua o río, siempre en la lengua mencionada. De esto se desprende –siempre siguiendo a Mons. Cabrera- que el vocablo gualamba puede traducirse como Río Grande, que es la denominación con la que se conocía entonces al Río Bermejo en su curso superior.

     Esto está corroborado por la documentación relativa a las encomiendas otorgadas a vecinos de la ciudad de Esteco en 1574 por el Gobernador del Tucumán González de Abreu, donde se hace referencia a parcialidades aborígenes de la jurisdicción de esa ciudad, cuyo nombres terminan con la desinencia gualamba: Otomogualamba, Pagualamba, Viticogualamba, Niogualamba, etc. Es decir que dichos nombres o gentilicios designaban a las distintas parcialidades y también de donde provenían, o su tierra de origen, que podría tratarse de las proximidades del Río Grande o Bermejo.
      Para el historiador Tissera, el vocablo Chacogualamba con el que se designaban a sí mismos los del grupo Lule que habitaba esa región del Chaco, era un gentilicio y no un nombre geográfico. Gualamba era el sufijo con que este grupo componía su gentilicio, al igual que los otros grupos ya mencionados y que fueron encomendados a los vecinos de Esteco. De allí deduce este autor que el nombre chacogualamba significa ni más ni menos que “gente del Chaco”, apelativo que adoptaron los Lules al irrumpir y asentarse en la región
     Por su parte el etnólogo argentino Antonio Serrano, en su clásica obra “Los aborígenes argentinos”, señala que en el momento de la Conquista, el territorio comprendido entre el Río Salado y el Río Grande o Bermejo, o sea el actual Chaco Salteño en su parte meridional y el sector Noroccidental de la Provincia del Chaco, estaba poblado por pueblos pertenecientes al complejo étnico Lule-vilela-tonocoté cuyo idioma común era el Tonocoté, de la cual los jesuitas compusieron un “Arte y vocabulario”. A este complejo pertenecían los Mataráes y los Guácaras, con los cuales el fundador de Concepción del Bermejo Alonso de Vera fundó tres pueblos en 1585.
Se realizó la esquila de vicuñas denominada “CHAKU”
Pobladores del Departamento de Belén en Catamarca,
Argentina, practicando el "chaku" o captura y esquila de
 vicuñas con el antiguo sistema incaico
     De estos pueblos, los Tonocotés y Matarás eran agricultores y sedentarios, mientras que los lules eran nómades y de índole más guerrera. Para el tema que nos ocupa, importa destacar lo que dice Serrano sobre sus gentilicios. “Es de hacer notar que casi todos los gentilicios de parcialidades lules de Socotonio [en el actual Chaco Salteño al N.O. de la Provincia de Santiago del Estero] terminan en “gualamba”, característica sin duda del idioma o dialecto de estos lules”. Al respecto menciona como pertenecientes a los Lules, las parcialidades “dipetegualamba”, “lancogualamba” y “lacinogualamba” que aparecen citados en documentos del Siglo XVI.  Agrega Serrano que estos pueblos se dedicaban a hacer acopio de cera y miel, con los cuales ejercían un activo comercio con los españoles de las ciudades de Esteco y Santiago del Estero.
      Con una parte de estos pueblos los españoles fundaron reducciones a lo largo del Río Salado. Aquellos pueblos que no se sometieron se fueron corriendo al interior del Chaco y sobre las riberas del Bermejo para huir de la dominación hispánica, en una emigración que se prolongó hasta el siglo XIX. Un ejemplo extremo de este movimiento migratorio lo constituyen los Vilelas, quienes se radicaron primero en las orillas del Bermejo Medio para terminar habitando en los alrededores de Resistencia en la segunda mitad de aquel siglo. La designación de nuestra región como “El Gran Chaco Gualamba”, pudo tener su origen en el desplazamiento de aquellas parcialidades hacia el interior del territorio, motivando que los españoles y sus descendientes los hispanocriollos, designaran con ese nombre a toda la inmensa región boscosa que se extendía al Este de sus poblaciones, sin advertir que estaba habitado por otros pueblos racial y étnicamente muy diferentes, como lo eran los del complejo Guaycurú (tobas, abipones, mocobíes, pilagáes) y Mataco-mataguayo (matacos, maccás, mataguayos, chorotes, etc.) llamados “chaquenses típicos” por la Antropología moderna.

       De toda esta compulsa documental y bibliográfica podemos concluir que la voz “Chaco” designó a un sistema de cacería de ojeo practicada por los pueblos indígenas de la región e introducida durante el período de la dominación incaica en el Noroeste del Territorio Argentino, a las tierras en que se practicaba y a la multitud de pueblos que se reunían para tal fin. Y con respecto a la voz “Gualamba” que acompaña  en muchos documentos y mapas antiguos al nombre anterior, indicaba en su versión más aceptada, la procedencia de los pueblos que originariamente practicaban este sistema de caza, esto es el Río Grande o Bermejo, o bien el gentilicio de uno de esos pueblos. El desconocimiento geográfico por parte de los españoles motivó que poco a poco aplicaran este topónimo a toda una extensa región, como un modo de unificar la multitud de nombres que hasta entonces se aplicó a la misma.



BIBLIOGRAFÍA

DOBRIZHOFFER, Martín. Historia de los Abipones, T.I. Resistencia, Facultad de Humanidades, U.N.N.E., 1967
FURLONG, Guillermo, S. J. Joaquín Camaño y su Noticia del Gran Chaco (1778) Buenos Aires, Librería del Plata, 1955.
GANDÍA, Enrique de. Historia del Gran Chaco. Madrid, 1929
GÓMEZ, Hernán F. Historia de la Gobernación del Chaco. Buenos Aires, 1939.
JOLÍs, José. S.J. Ensayo sobre la Historia Natural del Gran Chaco. Resistencia, Facultad de Humanidades, U.N.N.E., 1972.
LÓPEZ PIACENTINI, Carlos. Historia de la Provincia del Chaco, T. I, El Chaco Primigenio. Resistencia, Región, 1979.
LOZANO, Pedro, S. J. Descripción Chorográfica del Gran Chaco Gualamba. Buenos Aires, 1941.
MAEDER, Ernesto J. Historia del Chaco. Buenos Aires, Plus Ultra, 1996.
SERRANO, Antonio. Los aborígenes argentinos. Buenos Aires, Nova, 1947.
TISSERA, Ramón. Historia y significación de los nombres Chaco y Chacogualamba. En: Revista de la Junta de Historia del Chaco, Nro. 1. Resistencia, 1978.
TISSERA, Ramón. Chaco. Historia General. Resistencia, Subsecretaría de Cultura – Librería de La Paz, 2008.
TOMASSINI, Gabriel. La Civilización Cristiana del Chaco, T. I.  Buenos Aires, Librería Santa Catalina, 1939. 

lunes, 14 de diciembre de 2015

DECLARADO "VISITANTE ILUSTRE" DE PUERTO TIROL

INICIATIVA DE LA MUNICIPALIDAD
Miércoles, 02 de diciembre de 2015
Merecido homenaje al profesor Marcos Altamirano, visitante ilustre de Tirol
La Sra. Intendente de Puerto Tirol, Dra. Claudia Gronda hace entrega al Prof. Marcos Altamirano
de la Resolución Municipal que lo declara "Visitante Ilustre"
Como estaba previsto, se realizó en la Casa de Historia y la Cultura del Bicentenario, la apertura de exposición de obras pictóricas del prestigioso historiador y artista plástico Marcos Altamirano, quien nació en Puerto Tirol y cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 167 Manuel Laínez, por tal motivo las autoridades municipales lo declararon VISITANTE ILUSTRE, ofreciéndole un merecido reconocimiento de la comunidad por su trabajo de investigador, artista, y docente de Universidades Nacionales. Este homenaje fue organizado por la Municipalidad de Puerto Tirol y la biblioteca pública General San MartÍn.

En una noche cargada de afecto por la presencia de amigos, ex alumnos, colegas, y su maestra de quinto grado Doña Elsa Mayer de Vargas con sus noventa años, quien se mostró orgullosa de haber dejado su impronta en aquel niño que fuera su alumno.

La velada comenzó con una breve reseña de la amplia trayectoria del ilustre docenteTirolero. Posteriormente hablo a los presente una amiga y colega del homenajeado, Herminia Luque quien recordó de Altamirano
fundamentalmente su hombría de bien en todos los órdenes en que les tocó compartir, resaltando también la actitud puesta en los tiempos políticos en los cuales desempeñó funciones. Luego el escritor Estaban González quien fue alumno de Altamirano y hoy colega suyo, subrayó el compromiso del homenajeado con la educación y formación de sus alumnos. Finalmente la intendenta municipal Claudia Gronda remarcó la importancia de homenajear y reconocer a los hijos de la comunidad, que con su trabajo y sus obras trascienden las fronteras de Puerto Tirol y admitió la importancia de este reconocimiento en vida a Marcos Altamirano.



Un momento de la inauguración de la exposición pictórica.



Marcos Altamirano al momento de dirigirse a los presente se mostró muy emocionado y agradeció el agasajo y dirigiéndose a los presentes con una clara muestra de emoción por recibir tal distinción en la comunidad en la que adquirió sus primeras enseñanzas que lo marcaron a fuego, allí hizo referencia de su maestra de sexto grado que estaba presente en el auditorium. Con la humildad y grandeza de don Marcos que siempre se impone, hizo entrega de documentaciones importantes al municipio, ya que su padre fue íntimo amigo de Heraclio Pérez (el autor del chamamé "Puerto Tirol"), también a la escuela Nro. 7 recibió documentaciones valiosas y donó dos de sus obras,una para el museo y otra para la biblioteca del Cruce Viejo.

La noche estuvo engalanada con el mejor tango que brindó el maestro bandoneonista Aldo Verón a quién acompañaron el maestro Gustavo Almirón en guitarra y en canto Ramón Dussol, En la exposición de óleos y acuarelas, dentro del sin número de obras expuestas, se pueden observar varias obras que tienen que ver con los paisajes de Puerto Tirol, que lo impresionaron de niño y aun hoy los siguen movilizando, no sólo grabándolos en su memoria, sino también en el lienzo.


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MEDALLA DE ORO EXCELENCIA

El día 7 de Noviembre de 2015 la Sociedad Argentina de Escritores (Filial Sáenz Peña) hizo entrega al escritor Marcos Antonio Altamirano de un Diploma y Medalla de Oro Excelencia "en mérito a su brillante desempeño intelectual, que enaltece las letras argentinas y a su aporte a la cultura nacional". La misma se cumplió en un solemne acto realizado en la Casa de la Cultura de Pcia. Roque Sáenz Peña, en el marco del cierre del Encuentro Nacional de Escritores con motivo de la celebración del XX aniversario de la fundación de esa entidad. En ese mismo acto se hizo entrega de premiaciones y distinciones a escritores participantes en el Certamen Literario Nacional organizado por la SADE Filial Sáenz Peña y a otros referentes destacados de la cultura chaqueña. 



                                                         
                        “Hacia el talento, el intelecto y los valores espirituales”
Presidencia Roque Sáenz Peña, julio       de 2015
Señor
Escritor MARCOS ALTAMIRANO
S                        /                             D
                                                         En representación de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores ),Filial Sáenz Peña, me dirijo a Ud. para comunicarle que, por decisiòn  unànime de los escritores asociados,- ha sido elegido para recibir la Medalla de Oro “Excelencia”, con que nuestra Filial distingue cada año, a escritores chaqueños de proficua y notable trayectoria en las letras.
                                                       Felicitamos a Ud. por esta Distinciòn  tan importante y merecida, y lo esperamos los dìas 06 y 07 de noviembre pròximos, en que se llevarà a cabo un Encuentro de Escritores Nacionales, en cuyo contexto, el ultimo dìa, haremos tambien  entrega de los premios al “Docente Destacado”, “Premio Instituciòn”  y “Premio Trayectoria”, en lugar que oportunamente confirmaremos, como así, el Programa definitivo, hoteles, telèfonos, etc.
                                                      En la ocasiòn, se entregaràn tambien las premiaciones del Certamen Literario Nacional, que organizamos cada año, y que esta oportunidad, lleva el nombre de la poetisa chaqueña ELENA LOWER, culminando con un espectáculo artìstico y cena.
                                                      Solicito a Ud. envíe un resumen de su trayectoria/curriculm, pudiendo optar, hacerlo  por Correo Argentino o por correo electrònico.
                                                     Con el afecto de siempre,



                                                                      Ma. Virginia Costa Bordòn
                                                                                     Presidente