miércoles, 24 de junio de 2020

MANUEL BELGRANO Y LA EDUCACIÓN PÚBLICA - Con video

Escribe: MARCOS ALTAMIRANO (x) 

Uno de los aspectos sobresalientes de la obra revolucionaria desarrollada por Belgrano, aparte de su contribución eficaz en el campo militar y político, y como creador de nuestra enseña nacional, fue su incansable lucha a favor de la educación y sus iniciativas concretadas mediante diversas creaciones antes y después de la Revolución de Mayo.
Como Secretario del Consulado de Comercio expuso en las Memorias elevadas a las autoridades de esa institución virreinal, las ventajas que se obtendrían si se diera a la ilustración del pueblo la atención que el tema merece. Belgrano sostuvo enérgica e insistentemente que sin este requisito fundamental jamás tendríamos un país próspero en el campo del comercio, la industria y la actividad agrícola. Su pensamiento estaba en la línea de los pensadores españoles de esa época cuyas ideas había podido conocer mientras estuvo en Europa, como Campomanes y Jovellanos entre otros.

La enseñanza de las primeras letras

     Pero fundamentalmente su preocupación se orientaba hacia la educación del pueblo y al respecto sostuvo en una de sus Memorias al Consulado que había que crear escuelas gratuitas donde las familias humildes pudieran mandar a sus hijos sin tener que pagar nada por ello, y agregaba: “se les podrían dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en el pueblo donde reina la ociosidad desde el comercio toma su lugar la miseria.” Belgrano comprendió cabalmente que la  educación constituye un instrumento imprescindible para el desarrollo económico y social y para la promoción de los sectores más postergados de la sociedad. Por ello recomendaba desde el periódico Correo de Comercio que fundó para difundir estos principios: “Pónganse escuelas de primeras letras costeadas por de los propios arbitrios de las ciudades y villas, en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la campaña (…) Obliguen los jueces a los padres que manden sus hijos a la escuela por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar.” Y en aquellos casos en que los padres no lo pudieran hacer, debía el Cabildo de cada ciudad tomar a su cargo el envío de los niños a las escuelas hasta completar su educación. Vemos aquí que Belgrano no sólo fue el primero en el país en bregar por la educación gratuita y obligatoria, sino en sostener la necesidad de la acción subsidiaria del Estado cuando las familias no pudieran cumplir con esa obligación.

La educación de la mujer.

      La preocupación de Belgrano por la enseñanza se extendió al fomento de la educación de la mujer, la enseñanza de los oficios y la educación para el comercio y la agricultura. Observando el abandono en que estaba la enseñanza destinada a las niñas se preguntaba: “¿Cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad? Y agregaba: ”La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre, y presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, y ¿qué ha de enseñarles si a ella nada le han enseñado?” Para remediar esta falta, propuso la creación de escuelas gratuitas para niñas, donde además de los principios de la doctrina cristiana se le enseñase a leer, escribir, coser, bordar, etc. Y se les inspirase el amor al trabajo “para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial, o más en la mujer que en el hombre.” Consideraba el prócer que mediante la educación de la mujer no sólo se lograba su dignificación alejándola del vicio sino que también se mejorarían las costumbres a través del importante papel que las madres tenían en la formación de sus hijos y en la consolidación de la familia.

Escuelas de Comercio y de Agricultura.

     Consideraba Belgrano que la ciencia del comercio “no se reduce a comprar por diez y vender por veinte” y que sus principios son tan amplios que debían ser conocidos adecuadamente por aquellos que se dedicasen a esa actividad. Por ello y para formar el personal que tuviese a su cargo llevar adelante las transacciones, propuso la creación de escuelas de comercio donde los jóvenes aprendiesen los secretos de las matemáticas, de las operaciones contables, de las reglas de la navegación mercantil, del seguro, de la geografía económica, etc.
     Del mismo modo consideraba a la agricultura, otorgando a esta actividad una importancia fundamental en el desarrollo del país y lamentando el abandono de que la hacía objeto. Señalaba que por no mirarse a la agricultura “como un arte que tenga necesidad de estudio, de reflexiones o de reglas” los campos no eran productivos y por consiguiente los labradores se debatían en la pobreza y el atraso. Consideraba que una forma de subsanar esta situación era establecer escuelas de agricultura donde a los jóvenes labradores se les hiciese conocer “los principios generales de la vegetación y desenvoltura de las siembras”, a distinguir las especies de terrenos y el cultivo conveniente a cada uno, los abonos y el tiempo y razón para aplicarlos, el cuidado de los cultivos, el modo de recoger las cosechas, etc., etc.

Sus principales realizaciones educativas.

    Para poner en práctica estos principios Belgrano impulsó la creación de varias instituciones de enseñanza que fueron una verdadera avanzada para las concepciones educativas de su época. La primera fue la Escuela de Náutica para la formación de pilotos de naves mercantes y para fomentar el estudio de la ciencia náutica, brindando al mismo tiempo una carrera lucrativa para los jóvenes. Esta institución fue inaugurada el 25 de octubre de 1799 y Belgrano fue el autor de sus estatutos.
   Otra de las creaciones educativas del prócer fue la Escuela de Dibujo. Para comprender mejor la importancia que este estudio tenía para toda profesión y oficio, debemos recordar que en aquella época se carecía de los beneficios de la fotografía, así que todo conocimiento y enseñanza sólo podía ser ilustrado por el dibujo. Así lo manifestó Belgrano en una de sus memorias al Consulado, detallando cuál era la aplicación de este arte a cada una de las profesiones, desde el artesano hasta el filósofo. Esta escuela con el auspicio de Belgrano fue creada por el Consulado e inaugurada el 29 de Mayo de 1799. 
Tanto la Academia de Náutica como la Escuela de Dibujo no tuvieron continuidad por cuanto los funcionarios de la Corona Española encargados de dar su autorización ordenaron su cierre por “que más bien servían para adorno y lujo que no para su ilustración”. De este modo la burocracia peninsular desautorizaba una iniciativa que anticipaba revolucionariamente las concepciones educativas que recién se impondrían en nuestro país en las últimas décadas del siglo XIX.
     A estas creaciones debemos agregar la Escuela Militar de Matemáticas creada por la Primera Junta por iniciativa del Vocal Manuel Belgrano y puesta bajo su protección, inaugurada el 12 de septiembre de 1810.
Hemos señalado sólo algunas de las numerosas iniciativas y acciones de Belgrano en el campo de la educación, pero que son suficientes para mostrar con qué clarividencia su pensamiento se anticipó a su época y con qué justicia merece que lo consideremos el precursor y primer realizador de la educación pública en nuestro país.
                                                                               
(x) El autor es Miembro del Instituto Belgraniano del Chaco y de la Junta de Estudios Históricos del Chaco.





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