sábado, 2 de junio de 2018

EL IMPENETRABLE EN LA HISTORIA Y EN LA LEYENDA



Por: Marcos A. Altamirano
Conferencia inaugural del II Congreso de Historia del Chaco. J. J. Castelli.
22/5/2018

Introducción.
    La subregión de El Impenetrable chaqueño, extensa superficie boscosa de unos 35 a 40 mil kilómetros cuadrados, ha ganado en los últimos años un espacio importante en los medios periodísticos nacionales e internacionales. Se ha destacado su riqueza fitogeográfica y faunística, y su potencialidad como recurso turístico a partir del Parque Nacional “El Impenetrable” en la zona del interfluvio de los ríos Teuco y Bermejito. Esto es muy positivo y hay que destacarlo, pero esta publicidad y este conocimiento del gran público sobre una región que había permanecido casi al margen de las políticas públicas, tiene una falencia que debo señalar porque nos atañe directamente como estudiosos de nuestra historia.
Mapa jesuítico del Siglo XVIII donde se ubica
a  la región del Chaco.
     Me refiero a la ausencia de referencias históricas en esta promoción, como si esta región hubiera estado en el pasado ajena al devenir histórico en el proceso de  conquista y poblamiento del territorio chaqueño. Me pareció importante inaugurar este Congreso que se realiza en las puertas del Impenetrable, en esta hermosa y progresista ciudad de Juan José Castelli, destacando este hecho para convocarlos a todos a ustedes a fijar su atención en esta subregión de nuestro Chaco.
     Contrariamente a lo arriba señalado, El Impenetrable fue durante siglos el teatro de innumerables acontecimientos muy relevantes de los cuales han quedado testimonios documentales y arqueológicos que permanentemente convoca a los historiadores a su estudio e investigación.

El nombre del Chaco.
     Sabemos que nuestra región fue poblada por pueblos originarios pertenecientes a diversos grupos raciales, hace miles de años. Tanto desde la región andina como de la región amazónica y del sur pampeano, confluyeron a la región chaqueña pueblos de distintos tipos raciales. Entre ellos ocuparon nuestra región procedente del sur, los pámpidos o patagónidos, de recia contextura física y con una economía de grandes cazadores y guerreros. A esta corriente migratoria pertenecían los pueblos de la gran familia lingüística y étnica Guaycurú, integrada por Tobas, Mocovíes, Abipones, Pilagáes, Mbayaes y Payaguáes. Los representantes de este grupo linguístico son nuestros hermanos qom y moqoit o mocobí que habitan el territorio provincial. También penetraron al Chaco pueblos de origen amazónido, representados hoy el pueblo wichí, en su gran mayoría habitante de El Impenetrable.
    Esto explica la gran variedad de pueblos y etnias que encontraron los conquistadores españoles cuando penetraron en la región chaqueña desde las ciudades fundadas en la Provincia del Tucumán, desde el Oeste, y desde la ciudad de Asunción desde el Este. Esta diversidad originó la enorme cantidad de denominaciones aplicadas a los pueblos con los cuales entraron en contacto.


Arcabucero español del Siglo
XVI que integró la expediciones
conquistadoras en América.
    Los encomenderos ubicados en las cercanías de la ciudad de Jujuy, a fines del siglo XVI informaban que una parte de los aborígenes bajo su mando acudían periódicamente a una región boscosa situada al Este a la que denominaban “chacu”,  nombre de origen quichua de un sistema de cacería heredado de los pueblos que habían estado antaño bajo el dominio incaico. Estas jornadas de caza y de grandes fiestas convocaban a numerosas parcialidades indígenas que acudían desde los lugares más remotos de esa región boscosa. Por ello, varios cronistas como Pedro Lozano, Joaquín Camaño y José Jolís, señalaron que el nombre “Chaco”, con que se designaba a una región situada en el Alto Bermejo, significaba “Junta de Naciones”. Los conquistadores españoles del Tucumán, a medida que avanzaban en sus exploraciones y por desconocimiento de los límites exactos que abarcaba tal denominación, comenzaron a designar con ese nombre a una región cada vez más amplia y extensa, a falta de otro topónimo. Así el nombre “Chaco” o “Gran Chaco” comenzó a designar a toda una vasta región bañada por los ríos Bermejo y Pilcomayo. Ese es el nombre con que aparece en los mapas de los siglos XVII y XVIII, a la que se acompañó el topónimo “Gualamba”, nombre de misteriosa significación, pero que el antropólogo Antonio Serrano atribuye a un gentilicio del idioma lule-tonocoté, aplicado a un pueblo indígena situado junto al Alto Bermejo denominado en los documentos del siglo XVI los: “Chacogualambas”, con el significado de “gente del Chaco”. De este modo, el Impenetrable que originariamente abarcó una región muy extensa y que en algunos mapas del siglo XVIII aparece con el nombre de “Bosques Impenetrables”, se integró a una denominación genérica que abarcó un territorio inmenso que actualmente está repartido entre Argentina, Paraguay y Bolivia. Territorio que sirvió de refugio a numerosas naciones indígenas a medida que avanzaba la conquista, y desde donde –abroquelados en la profundidad de sus montes- resistieron durante más de tres siglos a la penetración y el dominio del hombre blanco.

La primera ciudad chaqueña.
Representación de la entrada de Alonso de Vera
al territorio chaqueño para fundar Concepción del
Bermejo.
    El asentamiento de los conquistadores hispano-criollos en el interior del Chaco se inició cuando el 14 de abril de 1585 Alonso de Vera fundó al sur del Río Bermejo y a unas 30 leguas de su desembocadura en el Río Paraguay, la ciudad de Concepción de Nuestra Señora o Concepción de la Buena Esperanza o Concepción del Bermejo. Llevó a cabo esta fundación acompañado de 135 arcabuceros, y una numerosa tropa de ganado vacuno y caballar que partió de Asunción a mediados de Marzo. Con estos recursos debió enfrentar a la dura oposición de las tribus guaycurúes que le salieron al cruce y lo obligaron a librar tres reñidos combates antes de llegar al sitio elegido para fundar a la ciudad.


     No era la primera vez que los conquistadores de Asunción del Paraguay se lanzaban a la exploración y conquista del Chaco en busca de la Sierra de la Plata. Pero las enormes dificultades que planteaba la empresa de llegar al territorio de los Charcas en el Alto Perú, les hizo comprender que era necesario conquistar y ocupar la región chaqueña para abrir un camino hacia las ciudades del Tucumán y de allí facilitar el tránsito hacia el Perú de personas y mercaderías.
Retrato de Hernando Arias de Saavedra
(Hernandarias), Primer Alcalde de Concepción
del Bermejo.
     La posición de la ciudad de Concepción del Bermejo en el corazón del Chaco y muy próxima al Río Bermejo era para esa época inmejorable. Significaba un punto de enlace entre el Litoral y la Provincia del Tucumán. Los caminos que unían a Asunción con las ciudades de Santiago del Estero, Salta y Jujuy atravesaban la subregión que hoy conocemos con el nombre de El Impenetrable, que era entonces mucho más extensa que actualmente y abarcaba casi toda la región boscosa del Chaco. En la cartografía de la época aparece en algunos casos indicada la leyenda: “Bosques impenetrables”, lo que al ser repetido por los expedicionarios en sus informes terminó designando a una zona más restringida de la región chaqueña.
    Pero la fundación de esta ciudad originó un largo pleito por la posesión del territorio chaqueño entre los conquistadores del Tucumán y del Paraguay. Mientras se resolvía el litigio la Corona resolvió que provisoriamente permaneciese bajo la jurisdicción de Asunción para asegurar su subsistencia. Esto le permitió a Concepción progresar económicamente con la producción de maíz, algodón, lienzos, cera y cáñamo, y con una población de 100 vecinos y más de 1.000 aborígenes encomendados en las encomiendas de Matará, Guácara, Matalá y Hohomas. De estas encomiendas, Guácara había sido fundada en 1584 (cuya ruinas se encuentran en Pampa Tolosa, cerca de Tres Isletas) por vecinos de la ciudad de Esteco, y era uno de los fundamentos del reclamo de los conquistadores del Tucumán.
Vasija hispano-indígena encontrada en las
Ruinas del Km. 75 
     Sin embargo la resistencia aborigen permaneció muy intensa y en varias ocasiones en esos años las tribus guerreras intentaron destruir la ciudad y expulsar a sus habitantes, aunque se estrellaron con la tenaz defensa de sus habitantes. En 1617 el Rey Felipe III resolvió el pleito por el Chaco de manera salomónica. No otorgó a ninguna de las dos partes la posesión de la ciudad, sino que por una Real Cédula dividió a la Gobernación del Río de la Plata en dos: la Gobernación del Paraguay con capital en Asunción y la Gobernación del Río de la Plata con capital en Buenos Aires, adjudicando a esta última gobernación la ciudad de Concepción del Bermejo. Con su capital a más de mil kilómetros, no tardó esta ciudad en sufrir los efectos del aislamiento y el proceso de su decadencia.

Excavación en las Ruinas del Km. 75 por
la Facultad de Humanidades de la UNNE
     Otro factor se sumó al anterior para producir su rápida caída: la publicación en 1612 de las célebres Ordenanzas de Alfaro que prohibían el sistema de encomiendas y el servicio personal de los aborígenes. Esto fue fatal para Concepción que dependía para su subsistencia y comercio, del trabajo de sus encomiendas. No tardaron los aborígenes de la zona de advertir esta debilidad y después de una serie de levantamientos, lograron destruir en 1631 la encomienda de Matará, obligando a los vecinos de Concepción a abandonar la ciudad en 1632 y a refugiarse en Corrientes.

La Paz de La Cangayé.
  Otras ciudades fundadas por conquistadores de la Provincia del Túcumán en la frontera del Chaco con esta provincia fueron Talavera de Esteco, fundada y trasladada dos veces entre 1567 y 1592, y Santiago de Guadalcázar sobre el Alto Bermejo al Norte de Jujuy en 1626. Ambas ciudades fronterizas con el Chaco sufrieron la misma suerte que Concepción del Bermejo.
Aborígenes Abipones que en alianza con otras tribus
produjeron el abandono de Concepción del Bermejo.
   A partir de allí el Chaco fue un territorio inconquistado por los españoles. Las tribus guerreras de la región hicieron frente a las numerosas expediciones que partieron desde la frontera del Tucumán y desde las ciudades del litoral con fines de conquista y castigo, en la mayoría de los casos sin éxito. Los aborígenes, que habían adoptado el caballo como una formidable arma de guerra después del despoblamiento de Concepción, tenían los montes impenetrables como escondrijo seguro y empleaban tácticas de combate desconocidas por los tercios hispano-criollos, que volvían a sus ciudades de origen totalmente agotados y desmoralizados, cuando no derrotados. Sólo armados con su abnegación y espíritu apostólico, los misioneros de distintas órdenes religiosas lograron internarse en el territorio, tomar contacto con los aborígenes y penetrar en sus dominios, pero en muchos casos con el sacrificio de sus vidas. Este período de cruentas guerras y de continuo asedio a las ciudades fronterizas se prolongó desde mediados del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII. Y en este largo período, la zona más inaccesible para la penetración del hombre blanco fue la que hoy conocemos con el nombre de El Impenetrable, pese a los repetidos intentos de penetrar en su interior por parte de los tercios y las milicias hispánicas. A mi juicio, es en esta etapa en que el nombre de esta subregión del Chaco se consolidó para la posteridad. No sólo por la espesura de sus montes y la casi total ausencia de agua, sino también por la imposibilidad internarse en la región y de doblegar la resistencia de sus habitantes.

Jerónimo Matorras, Gobernador del Tucumán
que organizó la Expedición Pacificadora al
interior del Chaco.
     Fue el Gobernador del Tucumán, Jerónimo Matorras quien en la segunda mitad del Siglo XVIII comprendió la necesidad de llegar a un acuerdo pacífico con las tribus del Chaco y con sus caudillos indígenas. En el año 1774 organizó una numerosa y bien equipada expedición “pacificadora” al interior del Gran Chaco Gualamba con la finalidad de concertar tratados con las tribus del interior del territorio, en especial con el célebre cacique mocobí “Paykin”, caudillo que reunía en torno a su jefatura a numerosos caciques menores y a unos 7.000 aborígenes.
     Entre los objetivos de esta empresa estaban: el sometimiento pacífico de las tribus, la apertura de un camino a través del Chaco en dirección al Litoral, la fundación de reducciones para la acción evangelizadora y llevar la tranquilidad a las ciudades fronterizas. El encuentro de Matorras y Paykin se produjo el 20 de Julio de 1744 en el paraje La Cangayé ( laguna traga-gente) lugar estratégico y legendario situado en el centro del Gran Chaco Gualamba y punto de reunión de numerosas tribus. A este lugar, que se encuentra en las proximidades del Río Bermejito y cerca de la confluencia con el Teuco, lo tuvieron como objetivo numerosas expediciones hispánicas, pero ninguna logró posesionarse del paraje.
       Matorras reconoció como “Perpetuo Cacique” de las tribus del Chaco al cacique Paykin con el título de Primer Caporal del Chaco, entregándole además un bastón de mando finamente labrado y con puño de oro como símbolo de su poder. En el tratado de paz que se celebró el día 29 de Julio se reconocía el señorío de las naciones aborígenes sobre los territorios que ocupaban, por haber sido de sus antepasados y por ser su ámbito natural, fuentes de recursos alimenticios y de abrigo. Se reconoció a los aborígenes su condición de seres libres, no sujetos a esclavitud ni a encomienda, y el derecho a pedir la fundación de reduciones en los lugares que elijan y de pedir curas doctrineros. A cambio se comprometían a reconocer la soberanía del Monarca de España y a las autoridades españolas.
"La Paz Matorras-Paykin" cuadro del pintor salteño
Tomás Cabrera (1775)
     Este tratado conocido como “La Paz de La Cangayé” fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia del Chaco en el siglo XVIII, por la personalidad de sus protagonistas, por las repercusiones que tuvo en las ciudades colindantes con el Chaco y por ser el punto de partida de una política de colonización que mereció la especial atención del monarca Carlos III de España, reflejada en una importante Real Cédula de 1777. Fue tal su repercusión que las ciudades fronterizas incluyeron en sus actas capitulares el texto del tratado, y dio origen al primer cuadro histórico de la Argentina pintado por el artista salteño Tomás Cabrera, que buscó reflejar con minuciosidad el lugar, los protagonistas y la grandiosidad del escenario donde este hecho tuvo lugar. Esta obra se encuentra en el Museo Histórico Nacional y fue reproducido por José León Pagano en su libro: El Arte de los Argentinos.

Mapa del navegante Emilio Castro Boedo de 1872
donde señala la ubicación de la Laguna de las Perlas.
La Leyenda de la Laguna de las Perlas.
    Desde el siglo XVI se creía firmemente entre los conquistadores españoles en la existencia de una misteriosa laguna en cuyo fondo crecía una ostra que producía finísimas perlas. Esta laguna se encontraba situada al sur del Río Bermejo en un lugar no muy preciso pero cerca de donde se fundó Concepción del Bermejo. Quien popularizó esta leyenda fue el sacerdote Martín del Barco Centenera, quien a fines del Siglo XVI escribió su famoso poema: “Argentina y la conquista del Río de la Plata”, del cual tomó el nombre nuestro país. Esta leyenda fue ratificada por historiadores posteriores, como Ruy Díaz de Guzmán y el jesuita Pedro Lozano, aunque negada por otros cronistas como José Jolís y Martín Dobrizhoffer. De todos modos tuvo amplia repercusión y su localización fue el objetivo de muchas expediciones al Chaco, como la de Jerónimo Matorras que logró ubicarla y la de Francisco Gabino Arias, que también la buscó por expresa orden del Rey Carlos III. Recién en el siglo XIX el explorador y científico Luis Jorge Fontana logró ubicar, estudiar y clasificar el molusco: “anadonta exótica” que producía dichas perlas, aunque de escaso valor. Aun en algunos mapas del Siglo XIX, como el de Emilio Castro Boedo, navegante del Bermejo de 1872, se encuentra señalada la famosa laguna centro de tan secular leyenda, y todavía se señalaba como referencia a esa legendaria laguna en los parte militares de las columnas expedicionarias que participaron en la Expedición Victorica de 1884.
                                                                                                      
                                                                                                     Misión Nueva Pompeya.
Misión Nueva Pompeya, fundada por los Padres Franciscanos
en 1899, declarada Monumento Histórico Nacional.
    Y para concluir, no podemos dejar de mencionar a otro hecho histórico muy importante ocurrido en pleno Impenetrable muy cerca de J. J. Castelli, y que tuvo como protagonistas a los misioneros franciscanos de “Propaganda Fide”  del Colegio San Diego de Salta y los aborígenes Wichí del Chaco Occidental. Estos misioneros, contando con la expresa autorización del Presidente Julio A. Roca, entraron al interior del Chaco en 1899 y fundaron bajo la dirección del Padre Bernabé Tambolleo la Reducción de Nueva Pompeya junto al antiguo cauce del Río Bermejo –hoy Río Bermejito- con los wichis del Chaco occidental. Lograron cumplir una valiosa obra educativa y social, sustrayendo a los aborígenes de la explotación que sufrían en los ingenios azucareros de Salta y enseñándoles las tareas de cultivo y diversos oficios, entre ellos la música. Su obra se extinguió en 1948 cuando murió el último misionero que la dirigió, Padre Eliseo Ceschi y la Misión quedó abandonada. El edificio de la Reducción se mantiene hoy como testimonio de aquella obra y fue declarado Monumento histórico Nacional. La población que surgió en el lugar constituye hoy un municipio del Departamento Gral. Guemes y cuenta con un total de 2.259 habitantes urbanos y 4.194 en la zona rural. La obra evangelizadora de los misioneros franciscanos fue continuada por una congregación de los Hermanos Maristas que tienen allí su sede. Nueva Pompeya está conectada con la cabecera departamental Juan José Castelli (a 185 kms.) mediante la Ruta Provincial Nro. 9. y es una de las localidades más importantes de las situadas en el interior del Impenetrable chaqueño.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Marcos Altamirano en Radio Nacional para todo el país con Osvaldo Bazan

El martes 8 de Mayo, el programa "Dulces y Amargos" de Radio Nacional conducido por el periodista Osvaldo Bazan desde Radio Nacional Resistencia, contó con la participación del Profesor Marcos Altamirano que fue invitado para hablar sobre Historia del Chaco.

"Marcos Altamirano es historiador y nos contó anécdotas de la provincia de Chaco. “El nombre significa territorio de caza y está muy bien expresado ya que es un lugar de abundante fauna. También simboliza el encuentro y un trabajo en conjunto. La palabra es de origen Quichua”. En tanto, el músico “Coqui” Ortiz compartió las mejores melodías en Dulces y Amargos."

Se puede escuchar todo el programa con la Participación de Marcos Altamirano en el siguiente Link:

http://www.radionacional.com.ar/la-historia-de-la-provincia-de-chaco-territorio-de-caza/







viernes, 27 de abril de 2018

A 140 AÑOS DE LA COLONIZACIÓN DE RESISTENCIA. SAN FERNANDO POBLACIÓN PRECURSORA



1ra. NOTA:  SAN FERNANDO: POBLACIÓN PRECURSORA DE RESISTENCIA.(*)

Ing. Enrique Foster, miembro de la Comisión
Exploradora que trazó la Colonia Resistencia.
Primeros datos sobre San Fernando.
     El paraje “San Fernando” en la costa chaqueña frente a Corrientes, donde había estado la reducción jesuítica del mismo nombre en el Siglo XVIII, fue desde muy antiguo un punto de referencia y concentración de pequeños asentamientos de explotación forestal, que aumentaron su población por la afluencia de peones correntinos en su mayoría, también de paraguayos y brasileños.
     La expedición al Chaco del Coronel Napoleón Uriburu en 1870 al frente del Regimiento “Nueva Creación”, encontró en ese paraje una llamativa concentración de obrajes madereros, donde trabajaban unos 1.500 aborígenes. Semejante concentración suponía una importante cantidad de peones criollos para aquellas tareas que no eran realizadas normalmente por los aborígenes: labrado, carga y acarreo de las maderas, cuidado de los animales, embarque, etc.

El reconocimiento oficial de la población.
        La población agrupada en San Fernando había adquirido en 1873 suficiente importancia y cohesión como para llamar la atención de las autoridades. Así es como el 18 de Marzo de ese año el Jefe de la Capitanía del Puerto de Corrientes Esteban Guastavino, comunicó al Gobierno del Chaco que “...en el Chaco, frente a esta ciudad existen mas de veinte obrajes en los que trabajan de ochocientos a mil personas; que varios de ellos están casi juntos formando una población de cuatrocientos a quinientos habitantes llamada “San Gerónimo” (sic); que ni hay fuerza que les garanta (sic) su propiedad, ni autoridad que entienda sus desavenencias.” Después de señalar la imposibilidad de seguir atendiendo desde esa Capitanía las cuestiones que allí se suscitaban, continuaba: “...muchos dueños de dichos establecimientos desean comprar el terreno que ocupan y están dispuestos a sufragar parte de los gastos que originen la creación de una autoridad allí y su policía.”.
El Gobernador del Chaco Gral. Julio de Vedia, quien se encontraba en la lejana población de Villa Occidental, capital entonces de la Gobernación del Chaco desde su creación en 1872, tomó nota de esta inquietud para requerir del Gobierno Nacional las medidas tendientes a asegurar dicha población, que se trataba de “San Fernando” y no de “San Gerónimo” como erróneamente la llamó el Capitán Guastavino. Aunque el Ministerio del Interior autorizó la designación de autoridades para ese punto, no hay constancias de que esto haya ocurrido, pues la situación continuó igual.

Labor de la Comisión Exploradora “Foster-Seelstrang”.
    El 6 de Octubre de 1874 el Poder Ejecutivo promulgó la Ley 686 que establecía la Jefatura Política del Chaco, y la creación de cuatro colonias-cantones sobre la margen derecha del Río Paraná, una frente a la ciudad de Corrientes y las otras frente a los pueblos correntinos de Rincón de Soto, Bella Vista y Empedrado.
      De acuerdo con esta Ley, el Presidente Avellaneda nombró en Marzo de 1875, Jefe Político a Aurelio Díaz, Secretario a Luis Jorge Fontana, e integrantes de la Comisión Exploradora a los Ingenieros Arturo Seelstrang y Enrique Foster, quienes debían trazar las nuevas colonias con la colaboración del Comandante de la Frontera Norte Coronel Manuel Obligado. La Comisión Exploradora llegó al paraje San Fernando en Octubre de 1875 y eligió ese sitio para fundar allí la primera colonia a la que bautizó “Resistencia”.  El informe de la Comisión señala que eran quince el número de establecimientos madereros que se encontraban en San Fernando, entre ellos los de José María Avalos, Félix Seitor, Antonio Brígnole, Ramón Vázquez, Carlos Corsi y otro de apellido Sicard. En cuanto al nombre de “Resistencia” con que se bautizó a la nueva Colonia, fue –según expresa la Comisión- “...por el hecho de haber resistido durante bastante tiempo un corto número de hombres sin protección de ningún gobierno, las continuas amenazas de los aborígenes.”
Ataque aborigen a un fortín en el Chaco (S. XIX)

La “resistencia” de San Fernando.
        Entre las causas del descontento aborigen contra San Fernando deben señalarse: los abusos que se cometían en los obrajes con el pago de los salarios a los peones aborígenes; la venta de armas y bebidas a las tribus por parte de traficantes y personas marginadas de la ley; y el temor a ser desalojados definitivamente de sus tierras al establecerse la Jefatura Política con sede en esa población.
        En el mes de abril de 1875 se supo que una coalición general de tribus del Chaco se aprestaba a un ataque sobre San Fernando. El Jefe Político Aurelio Díaz, quien ya se encontraba en funciones, requirió la ayuda de la Guardia Provincial de Corrientes y conjuntamente con el Coronel Avalos y otros obrajeros, armaron a la peonada para la defensa. El tan temido avance se produjo el día 10 de junio, cuando una fuerza de mil aborígenes armados con lanzas, flechas y armas de fuego, realizó un intenso ataque contra los obrajes situados al sur de San Fernando. Los 15 hombres de la Guardia Provincial de Corrientes en unión con los obrajeros pudieron hacerles frente y rechazarlos, luego de un combate de una hora, provocándoles muertos y heridos. Ante el peligro de ser copados, se replegaron al fuerte del Coronel Avalos a la espera de refuerzos. Esa noche salió de Corrientes una fuerza de auxilio de treinta hombres más.
       Este ataque fue el preludio de otros más violentos que ocurrieron los días 11 y 12. Las fuerzas defensoras al mando del Comandante Verón y del Mayor Quijano de la Guardia Provincial de Corrientes, sumaban junto a los peones de los obrajes más de cien efectivos. En los combates que se sucedieron en torno a las empalizadas del fuerte del Coronel Avalos, murieron un capataz de Félix Seitor y dos peones. Otro defensor, Manuel Andino resultó herido también en los combates del día 12, y uno de los caciques atacantes fue muerto por el propio Mayor Quijano.              
      Las crónicas de estos sucesos publicadas en el Diario “La Prensa” de Buenos Aires, que tenía corresponsal en Corrientes, consagraron a San Fernando como población capaz de sostenerse a pesar de los ataques aborígenes y probaron la eficacia de la ayuda proveniente de Corrientes. El nombre de “Resistencia” surgió –según mi concepto- en estos días. La Comisión Foster-Seelstrang debió recoger de boca de los propios protagonistas, el relato de estos sucesos ocurridos cuatro meses antes de su llegada al paraje y consideró justo bautizar a la nueva colonia con ese nombre. Nuevos ataques se produjeron en Enero, Febrero y Abril de 1876..
      Mensurada y nominada la Colonia, el nombre de San Fernando se mantuvo en la  guarnición militar que se estableció posteriormente y así figuró en los partes militares, y los nacimientos registrados en los libros parroquiales durante los primeros años de la colonia asociaban el nombre de San Fernando al de Resistencia. Finalmente permanece el nombre del Santo como patrono de nuestra ciudad capital y en la denominación del Departamento.

(*) Artículo publicado en el Diario "Norte"de Resistencia. Enero de 2018.
                                               ______________________________


sábado, 24 de febrero de 2018

Presentación del libro "Resistencia. Apuntes Históricos" de José Alumni

Presentación del libro: "La Ciudad de Resistencia. Apuntes
Históricos"de Mons. José Alumni por el Prof. Marcos
Altamirano. y "Lo que me contaron mis abuelos. Páginas
Históricas del Chaco", por la Dra. María Laura Salinas.
      El día 1 de Febrero se realizó la presentación de las obras: "La Ciudad de Resistencia. Apuntes Históricos" de Mons. José Alumni, a cargo del Prof. Marcos A. Altamirano, y "Lo que me contaron mis abuelos. Páginas Históricas del Chaco" de Seferino Geraldi, a cargo de la Dra. María Laura Salinas, Presidenta de la Junta de Estudios Históricos del Chaco. Ambas obras fueron editadas por la Editorial Contexto de Resistencia.  El acto se realizó en el marco de las celebraciones de los 140 Años de la llegada de los primeros colonizadores a Resistencia.
     

   
 Lo que sigue es el texto de la presentación del libro "La Ciudad de Resistencia. Apuntes Históricos" de Mons. José Alumni.

    La acertada decisión de la Editorial Contexto de reeditar  una de las obras principales del historiador Monseñor José Alumni: “La Ciudad de Resistencia. Apuntes históricos” en la colección “Los Imprescindibles”, permite que después de muchos años de su primera edición, este libro vuelva a estar al alcance del gran público lector y de los estudiosos de nuestro pasado, para beneficio y enriquecimiento de nuestra cultura histórica.
      Monseñor José Alumni nació en Cortona, Italia, el 17 de Febrero de 1907 y emigró algunos años después con sus padres a la Provincia de Entre Ríos, Argentina, donde realizó sus estudios eclesiásticos y se ordenó sacerdote en 1931. Desde muy joven se inició en la docencia como profesor de Lenguas Vivas en el propio Seminario, y por sus excelentes condiciones fue designado por la Santa Sede  Secretario Canciller del primer Obispo del Chaco, Monseñor Nicolás de Carlo, al crearse en 1940 la Diócesis de los entonces Territorios Nacionales del Chaco y Formosa. Como Vicario General de la Diócesis y Vicario Capitular desde 1951, acompañó a este Obispo en su fecunda obra social y religiosa en el Chaco.
    Desde el comienzo de su labor junto a Monseñor De Carlo, Alumni se reveló como un apasionado de la Historia, por lo cual contó desde un principio con el apoyo entusiasta del Obispo para sus estudios en ese terreno. Durante su apostolado en el interior del Chaco y en el contacto con su gente, se despertó en él un profundo amor por esta tierra. La convicción de que era necesario despertar la conciencia regional en una sociedad en formación como era entonces la del Territorio Nacional del Chaco, lo llevó a consagrarse a la investigación de las raíces del pasado chaqueño, en el silencio de los archivos y en el terreno de la exploración arqueológica..
     Fue un significativo aporte a la arqueología regional el descubrimiento en 1946 del sitio donde estuvo la Reducción de Nuestra Señora de los Dolores y Santiago de la Cangayé fundada en 1780, y poco después, el estudio de las ruinas del Km. 75 descubiertas por Alfredo Martinet, a la que no tardó en identificar como pertenecientes a la antigua ciudad hispánica de Concepción del Bermejo abandonada y destruida en 1632

     Su contribución a la historiografía regional se nutre de una serie de valiosas obras históricas que abarcan gran parte de nuestra historia regional. Su primera publicación  fue: “San Fernando del Río Negro”, en la Revista “Estudios” del año 1942. En 1948 publicó, como resultado de sus exploraciones arqueológicas, “Nuestra Señora de los Dolores y Santiago de La Cangayé” y dos años después dio a conocer “San Fernando del Río Negro – De San Fernando a la Resistencia”, con el auspicio del Museo Municipal de Resistencia y en forma conjunta con los historiadores Carlos López Piacentini y Seferino Geraldi. En 1951 publicó: “El Chaco. Figuras y hechos de su pasado”, que se publicó  en homenaje al Segundo Centenario de la fundación de San Fernando del Río Negro, celebrado el año anterior, la  que sería una de sus obras fundamentales  y modelo para la investigación histórica de nuestro Chaco.
    Finalmente, y dedicado a los maestros y alumnos del Chaco, apareció en 1958 el libro: “La ciudad de Resistencia. Apuntes Históricos”, obra en la que narra no solamente el proceso que llevó a la fundación y colonización de la ciudad capital del Chaco, sino que se remonta a los orígenes de la Gobernación del Chaco y a las diversas campañas militares que se produjeron en el Siglo XIX con el objetivo de someter a las tribus guerreras de la región chaqueña.
     Fue el propósito del autor en este libro, ofrecer a sus lectores una síntesis esclarecedora y didáctica de todos los acontecimientos que dieron nacimiento institucional de la Gobernación del Chaco después de finalizada la Guerra de la Triple Alianza, con la cual guarda para el autor una estrecha relación. Dentro de ese panorama histórico, la ciudad de Resistencia y su colonización por los contingentes inmigratorios venidos principalmente de Italia, es el eje en torno al cual se desarrollan y se explican los principales sucesos de esta etapa fundacional de nuestra historia.
     Alumni vio en la llegada de los primeros colonizadores a Resistencia, el desarrollo de una épica de sacrificio y de trabajo que definió el perfil de nuestra sociedad, en cuya formación el inmigrante europeo tuvo tanta gravitación. En esta interpretación de nuestra realidad histórica debió gravitar fundamentalmente su propia historia familiar. Proviniendo de una familia de inmigrantes italianos, y siendo él mismo uno de ellos,  debió sentirse identificado con ese cúmulo de sentimientos mezcla de frustraciones y esperanzas, que embargó a aquellas familias que dejaron todo en su tierra natal para adoptar una nueva patria, que los recibía ofreciéndoles un lugar para labrarse un futuro.
      Sin embargo, fue justo al evaluar el decisivo papel que le cupo a los obrajeros de San Fernando y a los peones criollos que trabajaban duramente en el monte. Ellos prepararon y aseguraron el terreno donde habría de levantarse la Colonia Resistencia, y donde se labrarían los primeros surcos de los cuales surgiría la riqueza telúrica de nuestro Chaco. En este sentido nos dejó en esta obra páginas de gran sensibilidad donde se trasluce su entusiasmo por este pueblo que se levantaba al calor de esta unión de voluntades en la búsqueda de un destino común:
      “Era el año 1878…! Se iniciaba la etapa decisiva para la conquista pacífica del Chaco. Alrededor del grupo humano de Resistencia se condensaban odios ancestrales, penurias y dificultades sin nombre. El Chaco no se entregaría sin sacrificio y sin lucha. Para afrontarla se había realizado una conjunción de razas y de temperamentos y al estoicismo y paciencia del hachero criollo se unió la voluntad esforzada y laboriosidad legendaria de los hijos de Italia. Juntos enfrentaban el destino común. Bien pronto ambas corrientes de sangre, al mezclarse en las venas de los hijos de esa hora de aventura y heroísmo, plasmarían en los primeros chaqueños, los caracteres indelebles de dos razas aunadas en la lucha y hermanadas en el triunfo.”
       Aunque el tema central de la obra es el nacimiento y los primeros años de la ciudad de Resistencia, el autor se extendió a la explicación del desarrollo de la vida institucional del Chaco al incorporarse al cuerpo orgánico de la Nación hasta la creación del Territorio Nacional del Chaco en 1884. Así el nacimiento de la Colonia Resistencia se nos presenta como el hito fundamental de un proceso que implicaba también la ocupación territorial del espacio chaqueño por parte del Estado Argentino.
     Por ello, la obra no se limita al nacimiento y organización de la Colonia Resistencia sino que  se completa con un relato pormenorizado de las principales campañas militares de ocupación del territorio del Chaco hasta la Campaña Victorica de 1884.  Y lo hace con abundante apoyo documental y de variadas fuentes, algunas de ellas de primera mano, como las existentes en el Archivo General de la Nación, en el Archivo del Ejército Argentino y en las Memorias de la Campaña Victorica, entre otras.  Y en cada uno de los episodios su valoración crítica se hace presente, como cuando destaca el papel olvidado que le tocó desempeñar al soldado criollo en toda esta ardua empresa, los abusos y la arbitrariedades que sufrían los pueblos originarios y que dificultaban cualquier entendimiento pacífico, y las graves fallas de la colonización oficial que amenazó con la desaparición de las principales colonias.

    El resultado de todo este trabajo de minuciosa recolección de datos e interpretaciones de profundo contenido, es esta obra que ha marcado un camino seguro para todos los estudiosos que deseen adentrarse en el estudio de nuestro pasado regional. Por otra parte brinda un panorama esclarecedor al  público lector que busque beber en el campo de nuestra historia y nutrirse de este alimento espiritual que fundamenta nuestra conciencia regional.
      Además de investigador minucioso y documentado, Monseñor Alumni  poseyó una vasta cultura que se reflejó en su nutrida y valiosa biblioteca, parte de la cual se encuentra hoy en la Biblioteca “Prof. Leopoldo Herrera” de la ciudad de Resistencia.  Por sus méritos relevantes fue designado Miembro Correspondiente de la Junta de Estudios Históricos y Geográficos de la Provincia de Corrientes y también Miembro de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Integró además el Instituto Popular de Estudios Chaqueños y la Comisión Provincial de Monumentos y Lugares Históricos. Celoso custodio de nuestro patrimonio documental, organizó y dio vida al Archivo Histórico de la Provincia, creado por Decreto 2318 del 31 de Octubre de 1954, el cual hoy lleva su nombre, como un justo homenaje a quien fuera su Director- Fundador.
      A estos méritos Alumni sumó un acendrado espíritu docente que lo llevó a volcar sus conocimientos en numerosas conferencias y artículos periodísticos, y fue el primero en hacer conocer nuestra historia al gran público a través de audiciones radiales en la antigua y prestigiosa emisora “L.T.5 Radio Chaco”.
      La extraordinaria obra histórica y pastoral de Monseñor José Alumni se vio interrumpida por una larga dolencia que lo alejó por muchos años de toda actividad, hasta su muerte acaecida el 17 de Agosto de 1963 en la ciudad de Buenos Aires.

                                                                                             Marcos A. Altamirano